Taylor Swift, discursos y la resignificación de tu amante

We could leave the Christmas lights up ‘til January

Ladies and gentlemen, will you please stand?

With every guitar string scar on my hand

I take this magnetic force of a man to be my lover

My heart's been borrowed and yours has been blue

All's well that ends well to end up with you

Swear to be overdramatic and true to my lover

And you'll save all your dirtiest jokes for me

And at every table, I'll save you a seat, lover

El puente de Lover, sencillo del álbum homónimo de Taylor Swift lanzado en 2019, es innegable que suena a votos matrimoniales y quizás por ello la canción se ha podido escuchar en tantas bodas swifties.

Si bien su videoclip muestra una relación de pareja con sus más y sus menos, la comunidad tomó la pieza como una verdadera oda al amor auténtico. La misma Taylor Swift la describía en su momento como “a pure 'Oh my god I love you' love song”.

Una pareja abrazándose iluminados por cientos de luces en un pasillo rojo.
Fotograma del videoclip de Lover, de Taylor Swift.

No es ninguna novedad que una canción, texto escrito o producción cultural humana de cualquier tipo, puede ser interpretada de múltiples maneras, dentro de lo que llamaríamos contextos discursivos. Manipulando el contexto podemos romper esquemas y generar nuevas interpretaciones para una misma obra, resignificando sus palabras y metáforas.

Y si algo tiene Taylor Swift es capacidad para romper esquemas: durante la promoción de su disco The Tortured Poets Department se ha puesto el gorro de arquitecta de información y ha creado listas de reproducción con varias de sus canciones. Cada lista corresponde a una de las 5 fases del duelo de la teoría de Elisabeth Kübler-Ross: tenemos una lista de negación, otra de ira, negociación, depresión y finalmente aceptación. Y sí, en este particular sistema de organización, Lover ha caído en la primera categoría, la negación, y ha provocado un cataclismo entre la comunidad swiftie.

Sobra decir que nadie ha reescrito la canción. Su melodía y su letra permanecen intactas, pero la nueva etiqueta colgada precisamente por su autora cambia el contexto discursivo. Ahora, ese asiento reservado del puente de Lover aparece vacío en el imaginario colectivo: quien canta está esperando a su amante, que no viene, pero se niega a aceptar lo evidente.

Bajo mi libre interpretación de la premisa del construccionismo social, el amor que sentimos por alguien no deja de ser fruto de interacciones basadas en el lenguaje, atravesado siempre por prácticas discursivas. Lover, como obra de cultura pop, forma parte de nuestro lenguaje, como lo sería un meme, un emoji o la palabra “patata”. Todo son piezas con las que escribimos el diario de nuestra vida; pero resulta que una pieza concreta tiene otro significado: pensábamos que Lover expresaba amor, pero quizás es no ver más allá de nuestros ojos. Ahora podemos mirar al pasado, releer lo que “escribimos” con esta canción y preguntarnos si nos equivocamos con la elección de esta pieza del lenguaje o si, quizás, fue precisamente la apropiada y justo ahora nos damos cuenta.

Si nos acercamos a extremos posmodernos y consideramos, aunque sea solo la posibilidad, que la realidad sea fruto de nuestros discursos, lo que ha hecho Taylor con Lover va mucho más allá de una anécdota pop: reclasificando una canción acaba de resignificar relaciones enteras.

“You have a hard time seeing the red flags possibly resulting in moments of denial and maybe a little bit of delusion”.

Dani Armengol

Dani Armengol

Consultor independiente de arquitectura de información.

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